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En esta sección puede encontrar diversos artículos realizados por nuestro Departamento Científico sobre la prevención y tratamientos relacionados con nuestros productos. Para más información puede contactarse a cientifico@laboratoriosbernabo.com

Salud Digestiva: Gastritis y Úlcera
Con el término gastritis se designa a cualquier proceso inflamatorio que se desarrolla en el tejido (mucosa) que reviste el estómago.
Si, dependiendo del compromiso existente en la mucosa se las ha clasificado en gastritis erosivas y no erosivas. De acuerdo al tiempo de evolución también se las clasifica en agudas, solo inflamación de la mucosa, y crónicas donde además hay cierto grado de atrofia y disminución de la digestión de los alimentos.
Numerosos factores predisponentes se han involucrado en el desarrollo de la gastritis, como el uso de medicamentos analgésicos - antiinflamatorios (AINE), el estrés (psíquico o físico), el alcohol, personas gravemente enfermas, etc.
En los últimos años, diversos estudios apoyan el papel de una bacteria, el H. Pylori, como agente causal, fundamentalmente de la gastritis crónica. En los países en vías de desarrollo, con un sistema sanitario deficiente, escaso nivel cultural y bajos ingresos económicos, la prevalencia de la gastritis crónica es muy elevada, sobre todo en los adultos y los ancianos.
Las manifestaciones clínicas son inespecíficas, pudiendo no producir ninguna molestia. Generalmente comienzan con dolor y o sensación de inflamación y / acidez o quemazón a nivel del epigastrio, pérdida del apetito, náuseas y vómitos ocasionales. En algunos casos, se presenta como un cuadro de hemorragia digestiva, con eliminación de sangre por la boca o de heces oscuras. Las pérdidas de sangre pueden ser no evidentes y con el tiempo ocasionan un cuadro de anemia.
También puede aparecer distensión del abdomen, eructos, pesadez luego de las comidas y mal sabor en la boca, constituyendo el cuadro denominado dispepsia funcional.
Alimentos aconsejados:

Lácteos: leche descremada o deslactosada, quesos blandos untables, port salud.
Carnes: rojas magras a la plancha, pollo a la parrilla o al horno, pescados (lenguado o merluza) a la plancha o al horno, jamón cocido magro.
Pastas, harinas y cereales: pastas secas y con moderación, arroz hervido bien cocido.
Pan bien tostado, galletitas de agua.
Verduras: preferentemente bien cocidas: zapallo, zanahoria hervida, calabaza, zapallito hervido, berenjena y/o papas hervidas.
Otros: huevo duro o al poché.
Jaleas o mermeladas de bajas calorías.
Frutas y/o postres: manzana al horno sin cáscara, durazno, pera o damasco sin cáscara. Gelatinas de dietéticas.
Aceites: de uva, girasol, oliva.
Condimentos: orégano, sal, salsas dietéticas y condimentos suaves.
Bebidas e infusiones: agua mineral sin gas, té o mate cocido liviano con edulcorante, tilo.

Alimentos desaconsejados:

Frituras, dulces o golosinas, manteca, legumbres, condimentos picantes, facturas, salsas rojas concentradas, frutas y jugos cítricos, gaseosas, bebidas alcohólicas o gaseosas, café, mate de bombilla, menta.

Recomendaciones:

Se aconseja comer despacio, en cantidades moderadas masticando bien las comidas.
Respetar los horarios de comidas.
Evitar el consumo de drogas antiinflamatorias y/o aspirinas.

El Helicobacter pylori es un bacilo Gram negativo curvado que se encuentra en la mucosa gástrica del estómago humano y que se ha asociado con diferentes enfermedades digestivas. La implicación de esta bacteria en la gastritis crónica activa, su asociación con la úlcera gastroduodenal y su inclusión por parte de la IARC en 1994 (Grupo de estudio del cáncer, perteneciente a la Organización Mundial de la Salud) entre los agentes carcinógenos tipo 1, la ha convertido en uno de los microorganismos de mayor interés en patología humana. La bacteria se adquiere en la infancia y vive durante muchos años en el interior del estómago.
La infección se adquiere en la infancia transmitida de persona a persona. Los animales domésticos no son portadores de Helicobacter pylori y no pueden contagiar la infección. Una vez adquirida, la infección se mantiene a lo largo de la vida a no ser que se realice un tratamiento adecuado. Se calcula que solamente uno de cada 10 portadores desarrolla una úlcera en relación con la infección. Por este motivo, actualmente no se recomienda buscar la infección y mucho menos realizar tratamiento en individuos que no presentan molestias digestivas.
La infección por Helicobacter pylori es una de las causas principales de la úlcera, tanto del estómago como del duodeno. Sin embargo esta infección produce úlcera solamente en una pequeña proporción de los individuos que padecen la infección (aproximadamente uno de cada diez) Aunque siempre produce una pequeña inflamación, la mayoría de las veces ésta no produce síntomas.
El mecanismo exacto por el que el Helicobacter pylori induce la aparición de úlcera no resulta desconocido. Los estudios más recientes sugieren que la presencia en el duodeno de cepas de bacterias especialmente agresivas y capaces de producir toxinas que pueden lesionar directamente las células superficiales se relaciona con la aparición de úlcera. También sabemos que es necesario que el estómago produzca ácido (sigue siendo válido el aforismo "sin ácido no hay úlcera") y que algunos factores predisponen a la aparición de úlcera, especialmente el consumo de tabaco y los fármacos antiinflamatorios.
No es lo mismo. Aunque el tratamiento médico es muy parecido (en ambas, de estar presente hay que tratar la infección por Helicobacter) hay una diferencia importante: Así como las úlceras duodenales nunca son malignas, un porcentaje muy pequeño de las úlceras de estómago pueden corresponder a un tumor en fase inicial. Por esto es probable que su médico le recomiende el control por endoscopia y biopsias si ha presentado una úlcera de estómago, después del tratamiento, para comprobar la perfecta cicatrización y confirmar que no se observan células tumorales. Sin embargo, no es necesaria la endoscopia de control si la úlcera es de duodeno.
El diagnóstico se puede realizar por dos tipos de métodos. Los que necesitan de una endoscopia se denominan invasivos y los que se pueden realizar sin endoscopia no invasivos. Si su médico observa una úlcera puede decidir la toma de una muestra de tejido del estómago para el estudio anatomopatológico o para realizar una prueba rápida (que se denomina test de la ureasa).
En caso de que no se necesite endoscopia las pruebas se denominan no invasivas. Hay tres: prueba del aliento, detección de anticuerpos para Helicobacter en sangre o detección en heces. Es importante saber que la mayoría de las pruebas se alteran si usted está tomando antibióticos o medicamentos para la úlcera. Así es posible que tenga la infección por Helicobacter y la prueba no la detecte. Consulte a su médico sobre si el tratamiento que recibe interfiere o no con las pruebas e informe de lo que está tomando.
Se debe realizar tratamiento a todos los pacientes con úlcera que presenten la infección. Por el contrario, si usted no presenta síntomas, no existe ningún dato actualmente que sugiera que es necesario buscar la infección ni hacer tratamiento para curarla.